El futuro
Campo 02 de 8

Estimulación cerebral profunda adaptativa

La estimulación cerebral profunda cumple casi treinta años. Lo nuevo no es el electrodo: es que el sistema ajuste su propio estímulo según lo que detecta, en tiempo real. La evidencia de que eso funciona mejor todavía no existe.

Dr. Mariano PirozzoAgosto 20266 min de lectura

Un electrodo fino, implantado con precisión milimétrica en un núcleo profundo del cerebro, conectado a un generador que envía pulsos eléctricos continuos. Así funciona la estimulación cerebral profunda desde que recibió su primera aprobación regulatoria en 1997, para el temblor1. Hoy tiene indicaciones establecidas en enfermedad de Parkinson y en epilepsia refractaria, y otras dos —distonía y trastorno obsesivo-compulsivo— autorizadas por una vía especial que exige demostrar beneficio probable, no eficacia comprobada1. Ese matiz regulatorio casi nunca se cuenta, y sin embargo cambia por completo cómo debe leerse la palabra "aprobado".

La novedad de los últimos años cabe en un adjetivo: adaptativa. El mismo electrodo que estimula puede escuchar. Registra la actividad eléctrica local del núcleo donde está implantado y, cuando esa señal cruza un umbral, el sistema sube o baja la intensidad del estímulo por su cuenta. En lugar de una dosis fija programada en el consultorio, una dosis que sigue el estado del paciente hora a hora.

En febrero de 2025 la agencia estadounidense aprobó el primero de estos sistemas para enfermedad de Parkinson2. Vale la pena leer el documento y no el titular: lo aprobado es una función de programación opcional añadida a un dispositivo que ya estaba autorizado, sin cambiar la indicación. La señal que usa está en la banda alfa-beta, y el tiempo de respuesta del lazo es configurable entre una fracción de segundo y media hora3. Es decir: según cómo se lo programe, esto puede parecerse a un reflejo o a un ajuste de tendencia.

Qué demostró el ensayo, y qué no

El estudio que sostiene esa aprobación se propuso una meta modesta y la cumplió: que la estimulación adaptativa no fuera peor que la convencional bien programada. Lo consiguió, con buena tolerancia, sin eventos adversos graves del dispositivo y con un consumo de energía algo menor4. Lo que no se propuso demostrar —y por lo tanto no demostró— es que sea mejor. La propia agencia dejó constancia de que la definición del criterio de éxito se revisó después de los hechos, lo que impide extraer conclusiones estadísticas confirmatorias3.

El resto de la evidencia aleatorizada del campo es de una escala que sorprende a quien viene de leer titulares: el único ensayo ciego que comparó estimulación adaptativa contra estimulación convencional optimizada tiene cuatro pacientes5. Y usó, además, un biomarcador distinto del que emplea el sistema aprobado. Un trabajo de 2026 que aborda lo que la estimulación clásica nunca resolvió bien —los trastornos de la marcha— decodifica la locomoción en curso para adaptar los parámetros al contexto; también es un estudio de factibilidad, también con cuatro participantes, y sus propios autores lo presentan como un plano para la próxima generación de terapias, no como una terapia6.

La conversación honesta con el paciente

Hay un dato que ninguna discusión sobre lazo cerrado debería tapar, y es el más útil de todos en el consultorio. El seguimiento a cinco años del mayor ensayo controlado de estimulación subtalámica muestra que la mejoría motora, que al primer año ronda la mitad de la puntuación basal, cae a algo más de un tercio al quinto año; las actividades de la vida diaria se erosionan más todavía7. Lo que sí se sostiene en el tiempo es el control de las discinesias y la reducción de la medicación.

Nada de eso vuelve a la estimulación una mala indicación: sigue siendo uno de los tratamientos más transformadores de la neurocirugía funcional, y en pacientes seleccionados con complicaciones motoras tempranas mejora la calidad de vida de manera clara8. Pero define la promesa con exactitud. El dispositivo trata síntomas; no detiene la enfermedad. La ventana de mayor beneficio es el primer año. Y el precio existe: en ese mismo ensayo, los eventos adversos graves fueron más frecuentes en el grupo operado.

Lo que ocurre en el quirófano

Dos intuiciones muy arraigadas en nuestra especialidad no sobreviven al escrutinio de los datos agregados.

La primera es que hay que operar con el paciente despierto. Una revisión sistemática de treinta y un estudios y más de dos mil quinientos pacientes no encuentra diferencias de resultado motor entre la cirugía despierto y la cirugía bajo anestesia general guiada por imagen; tampoco según el uso de registro con microelectrodos9. La elección depende de la preferencia del paciente, de la experiencia del equipo y de los recursos disponibles — lo cual, en un país donde esos recursos no están repartidos de manera uniforme, no es un detalle menor.

La segunda es que somos más precisos de lo que somos. El error medio real entre el punto planificado y el punto alcanzado, sobre más de seis mil trayectorias, es cercano a los dos milímetros10. La asistencia robótica lo reduce de manera independiente, algo menos de un milímetro. Y el registro electrofisiológico intraoperatorio, contra lo que suele suponerse, se asoció a un error mayor, no menor.

Lo que hay que retener

Que un implante cerebral responda a lo que detecta no es en sí una novedad de 2025: existe desde 2013 un neuroestimulador aprobado que detecta actividad epiléptica y dispara estimulación en respuesta11. Lo genuinamente nuevo es aplicar ese principio al Parkinson y modular de forma continua en lugar de disparar ante un evento.

La dirección es la correcta, y probablemente sea la dirección definitiva: dispositivos que no solo actúan sobre el cerebro sino que lo escuchan. Pero entre "es razonable pensar que esto será mejor" y "está demostrado que esto es mejor" hay una distancia que hoy no está saldada, y decirlo no es escepticismo: es la única manera de que, cuando la evidencia llegue, se le pueda creer.

Referencias

Cada afirmación de este artículo remite a su fuente. Los enlaces llevan al trabajo original.

  1. U.S. Food and Drug Administration. Registros PMA y HDE de estimulación cerebral profunda: P960009 (temblor, 1997), H020007 (distonía, 2003), H050003 (trastorno obsesivo-compulsivo, 2009) y P960009/S219 (epilepsia, 2018). www.accessdata.fda.gov/scripts/cdrh/cfdocs/cfpma/pma.cfm?id=P960009
  2. U.S. Food and Drug Administration. PMA P960009/S478 — Approval Order. 20 de febrero de 2025. www.accessdata.fda.gov/cdrh_docs/pdf/P960009S478A.pdf
  3. U.S. Food and Drug Administration. PMA P960009/S478 — Summary of Safety and Effectiveness Data. Febrero de 2025. www.accessdata.fda.gov/cdrh_docs/pdf/P960009S478B.pdf
  4. Bronte-Stewart HM, et al. Long-term personalized adaptive deep brain stimulation in Parkinson disease: a nonrandomized clinical trial. JAMA Neurology. 2025;82(11):1171. doi.org/10.1001/jamaneurol.2025.2781
  5. Oehrn CR, et al. Chronic adaptive deep brain stimulation versus conventional stimulation in Parkinson's disease: a blinded randomized feasibility trial. Nature Medicine. 2024;30(11):3345-3356. doi.org/10.1038/s41591-024-03196-z
  6. Scafa S, et al. Activity-dependent adaptive deep brain stimulation improves gait in Parkinson's disease. Nature Medicine. 2026. doi.org/10.1038/s41591-026-04432-4
  7. Starr PA, et al. Five-year outcomes from deep brain stimulation of the subthalamic nucleus for Parkinson disease. JAMA Neurology. 2025;82(11):1181. doi.org/10.1001/jamaneurol.2025.3373
  8. Schuepbach WMM, et al. Neurostimulation for Parkinson's disease with early motor complications. New England Journal of Medicine. 2013;368(7):610-622. doi.org/10.1056/NEJMoa1205158
  9. Maroufi SF, et al. Awake versus asleep deep brain stimulation for Parkinson's disease: a comprehensive systematic review and meta-analysis. Journal of Neurosurgery. 2024;142(2). doi.org/10.3171/2024.4.JNS232553
  10. Philipp LR, et al. Robot-assisted stereotaxy reduces target error: a meta-analysis and meta-regression of 6056 trajectories. Neurosurgery. 2021;88(2):222-233. doi.org/10.1093/neuros/nyaa428
  11. U.S. Food and Drug Administration. PMA P100026 — Approval Order, NeuroPace RNS System. 14 de noviembre de 2013. www.accessdata.fda.gov/cdrh_docs/pdf10/p100026a.pdf
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