La década empezó con avances tangibles: cada una de estas seis herramientas cambió algo real, y ninguna decide por sí sola. Lo disruptivo, sin embargo, no fue el equipamiento. Fue el alcance de la información y el desarrollo del conocimiento: los ensayos, sus cifras, sus límites y quién los financió están hoy al alcance de cualquiera como nunca antes. Los seis artículos citan sus fuentes.
Lo que viene no es una versión mejor de estas herramientas: es un cambio de naturaleza. Eso está en El futuro.
El navegador dice dónde está el tumor con una precisión de milímetros. El problema es que el cerebro, apenas se abre la duramadre, deja de estar donde la imagen dice que está.
Leer el artículo →El paciente bebe una sustancia y el tumor brilla de rosa bajo una luz violeta. Casi todo lo que brilla es tumor. El problema es todo lo que no brilla.
Leer el artículo →Reemplaza los oculares del microscopio por una pantalla que ve todo el quirófano. Mejora la postura, iguala los tiempos y no cambia ningún resultado del paciente. Eso último no es una crítica: es la pregunta que nadie hizo.
Leer el artículo →Una resonancia dentro del quirófano confirma si quedó tumor. Duplica la tasa de resecciones completas, agrega una hora y media al procedimiento, y en el ensayo más grande casi duplicó la infección intracraneal. Y en más de la mitad de los casos, el cirujano no vuelve al campo.
Leer el artículo →Electrodos que vigilan la médula y los nervios mientras se opera, y avisan antes de que un gesto los dañe. Detecta mal —se le escapan cuatro de cada diez déficits— y descarta muy bien. Y no existe ni existirá un ensayo aleatorizado que la evalúe.
Leer el artículo →Eslabón por eslabón, esto es lo que la inteligencia artificial hace hoy en el camino de un paciente neuroquirúrgico. El patrón se repite: donde mide bien, mide velocidad. Y los dos sistemas más honestos del conjunto son los que se abstienen.
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