El futuro
Campo 08 de 8

Inteligencia artificial quirúrgica

Hay más de mil dispositivos con inteligencia artificial autorizados y casi ningún ensayo aleatorizado que muestre que mejoran la vida de alguien. Estar desplegado y estar validado son cosas distintas, y la diferencia entre ambas es el tema de esta década.

Dr. Mariano PirozzoAgosto 20267 min de lectura

La inteligencia artificial entró a la neurocirugía por la puerta más natural: las imágenes. Detectar, segmentar, clasificar. De ahí avanzó hacia terrenos más delicados —predecir el riesgo de una operación, anticipar complicaciones, reconocer estructuras en el video quirúrgico— y hacia uno completamente nuevo, el de los modelos de lenguaje.

Este es probablemente el campo donde más se necesita distinguir entre lo que se anuncia y lo que está demostrado, porque el ruido es máximo y la evidencia, escasa y desigual. Vale la pena recorrerlo aplicación por aplicación.

Donde ya está en la vía clínica

El caso más avanzado es el triaje de imágenes en el accidente cerebrovascular: un software que analiza la tomografía apenas se adquiere, detecta una oclusión de gran vaso y alerta simultáneamente al equipo que puede tratarla, sin esperar la cadena habitual de llamadas.

Un estudio observacional sobre más de cuatrocientas cincuenta mil admisiones por accidente cerebrovascular en el sistema público inglés encontró que en los hospitales que implementaron esa herramienta la tasa de trombectomía se duplicó1. Es una cifra impresionante y hay que leerla con dos advertencias que el propio trabajo permite hacer. Primera: es un diseño antes-después, no aleatorizado, y coincidió en el tiempo con la expansión deliberada de la red británica de trombectomía; separar el efecto del software del efecto de la política sanitaria no es posible. Segunda, y más importante: tres de los firmantes trabajan para el fabricante del software evaluado, y el autor de correspondencia tiene doble filiación con esa empresa1. La cifra es real. La atribución causal no está demostrada. Y un artículo que cite ese estudio sin decir quién lo firma no está divulgando: está haciendo publicidad.

En el quirófano y en la mesa de patología

Aquí los resultados son más limpios y más acotados. La histología estimulada por Raman combinada con redes neuronales permite obtener un diagnóstico de tumor cerebral durante la cirugía en menos de tres minutos, contra los veinte o treinta de la técnica convencional. En un ensayo prospectivo multicéntrico, la exactitud fue equivalente a la interpretación del patólogo2. La palabra clave es "equivalente", no "superior": la ventaja es de tiempo y de independencia del laboratorio, no de acierto. Y también aquí hay conflictos declarados: el autor principal es asesor y accionista del fabricante del equipo, y varios coautores son empleados de esa empresa2.

El resultado más sólido del campo es probablemente el clasificador molecular intraoperatorio por nanoporos, sin autores del fabricante, con un diseño que se abstiene en lugar de equivocarse3. En veinticinco cirugías reales acertó en dieciocho y en siete no alcanzó el umbral de confianza. Eso es una herramienta útil. No es un patólogo digital.

También existe la lectura automática del video quirúrgico: sistemas capaces de reconocer las fases del procedimiento, los gestos del cirujano y hasta la calidad con que se ejecutan4. Está validado en cirugía robótica urológica, en tres hospitales de dos continentes. Extrapolarlo a la neurocirugía es, por ahora, extrapolación.

Donde todavía no hay nada

La predicción de riesgo y complicaciones es el terreno donde la distancia entre expectativa y evidencia es mayor. Una revisión sistemática de los modelos de aprendizaje profundo publicados en neurocirugía encontró que casi todos desarrollan su propio modelo y casi ninguno valida uno ajeno; que el código está disponible en menos de uno de cada diez trabajos; y que una parte considerable de la información necesaria para reproducirlos simplemente no se reporta. Su conclusión es literal y no admite interpretación: ningún estudio describió su modelo como listo para uso clínico5.

En el conjunto de la medicina el panorama no es mejor. Hasta 2021 se habían publicado apenas cuarenta y un ensayos aleatorizados de intervenciones basadas en aprendizaje automático en toda la disciplina, la mitad monocéntricos, más de un tercio concentrados en un solo campo, y ninguno cumplía íntegramente la guía de reporte específica6.

El fracaso que hay que conocer

Existe un caso documentado que conviene tener siempre a mano. Un modelo comercial de predicción de sepsis, integrado en el sistema informático de cientos de hospitales estadounidenses, fue sometido por primera vez a validación externa independiente sobre casi cuarenta mil hospitalizaciones. Su capacidad de discriminación resultó pobre: no detectó a dos de cada tres pacientes que efectivamente desarrollaron sepsis, y generó alertas en casi una de cada cinco internaciones7.

Ese es el ejemplo a citar cuando alguien diga que un modelo "ya está en uso en cientos de centros". Estar desplegado y estar validado son cosas distintas.

A eso se suma un problema del que se habla poco porque incomoda: los clasificadores de imagen entrenados con grandes bases de datos infradiagnostican de manera selectiva a mujeres, a pacientes negros y a pacientes de bajo nivel socioeconómico, con el peor efecto en quienes pertenecen a más de uno de esos grupos8. El infradiagnóstico etiqueta como sano a alguien enfermo y le retrasa el tratamiento: es el modo de fallo clínicamente más peligroso y el que menos se mide.

Los modelos de lenguaje

La evidencia seria es escasa y, leída completa, desconcertante. En un ensayo aleatorizado, dar a los médicos acceso a un modelo de lenguaje no mejoró su razonamiento diagnóstico; sin embargo, el modelo trabajando solo puntuó por encima de los médicos que lo usaban9. En otro ensayo del mismo grupo, con una tarea distinta, la asistencia sí mejoró el desempeño, aunque a costa de más tiempo por caso — y otra vez el modelo solo igualó al médico asistido9.

Sea cual sea la lectura, ambos ensayos se hicieron sobre viñetas clínicas, no sobre pacientes. No existe todavía ningún ensayo aleatorizado de un modelo de lenguaje con un desenlace clínico real. Y una revisión de más de quinientos estudios publicados en JAMA aporta el dato que ordena todo el resto: apenas el cinco por ciento usó datos de pacientes reales, la exactitud fue la métrica principal en la enorme mayoría, y las cuestiones de sesgo y equidad se evaluaron en una minoría de los trabajos10.

Lo que hay que retener

La agencia estadounidense declara más de mil dispositivos con inteligencia artificial autorizados, casi todos de radiología, y advierte en su propia página que la lista no es exhaustiva y que se construyó buscando términos relacionados con IA en los resúmenes de autorización11. Autorizar no es validar: la vía regulatoria más frecuente demuestra equivalencia sustancial con un dispositivo previo, no que alguien viva más o mejor.

Existen desde 2020 guías específicas para reportar ensayos, protocolos, evaluaciones tempranas y modelos de predicción con inteligencia artificial12. Existen, y se cumplen mal.

Nada de esto es un argumento contra la inteligencia artificial en medicina. Es un argumento sobre el orden de las preguntas. La pregunta operativa de esta década no será "¿inteligencia artificial sí o no?", sino validada cómo, supervisada por quién, y evaluada contra qué desenlace. Y una más, específica de quien escribe sobre esto: quién firma el estudio que cita. En este campo, que el fabricante esté entre los autores no es la excepción; es la norma. Decirlo en voz alta es lo que separa la divulgación rigurosa del folleto.

Referencias

Cada afirmación de este artículo remite a su fuente. Los enlaces llevan al trabajo original.

  1. Nagaratnam K, et al. Artificial intelligence imaging decision support for acute stroke treatment in England: a prospective observational study. The Lancet Digital Health. 2025;7(12):100927. doi.org/10.1016/j.landig.2025.100927
  2. Hollon TC, et al. Near real-time intraoperative brain tumor diagnosis using stimulated Raman histology and deep neural networks. Nature Medicine. 2020;26(1):52-58. doi.org/10.1038/s41591-019-0715-9
  3. Vermeulen C, et al. Ultra-fast deep-learned CNS tumour classification during surgery. Nature. 2023;622(7984):842-849. doi.org/10.1038/s41586-023-06615-2
  4. Kiyasseh D, et al. A vision transformer for decoding surgeon activity from surgical videos. Nature Biomedical Engineering. 2023;7(6):780-796. doi.org/10.1038/s41551-023-01010-8
  5. Huang J, et al. Deep learning for outcome prediction in neurosurgery: a systematic review of design, reporting, and reproducibility. Neurosurgery. 2022;90(1):16-38. doi.org/10.1227/NEU.0000000000001736
  6. Plana D, et al. Randomized clinical trials of machine learning interventions in health care: a systematic review. JAMA Network Open. 2022;5(9):e2233946. doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2022.33946
  7. Wong A, et al. External validation of a widely implemented proprietary sepsis prediction model in hospitalized patients. JAMA Internal Medicine. 2021;181(8):1065-1070. doi.org/10.1001/jamainternmed.2021.2626
  8. Seyyed-Kalantari L, et al. Underdiagnosis bias of artificial intelligence algorithms applied to chest radiographs in under-served patient populations. Nature Medicine. 2021;27(12):2176-2182. doi.org/10.1038/s41591-021-01595-0
  9. Goh E, et al. Large language model influence on diagnostic reasoning: a randomized clinical trial. JAMA Network Open. 2024;7(10):e2440969. doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2024.40969
  10. Bedi S, et al. Testing and evaluation of health care applications of large language models: a systematic review. JAMA. 2025;333(4):319. doi.org/10.1001/jama.2024.21700
  11. U.S. Food and Drug Administration. Artificial intelligence-enabled medical devices. www.fda.gov/medical-devices/software-medical-device-samd/artificial-intelligence-enabled-medical-devices
  12. Liu X, et al. Reporting guidelines for clinical trial reports for interventions involving artificial intelligence: the CONSORT-AI extension. Nature Medicine. 2020;26(9):1364-1374. doi.org/10.1038/s41591-020-1034-x
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