Cuidados antes y después de la operación
Esta página es para quien tiene fecha de operación por un hematoma subdural crónico, y para la familia que lo va a cuidar. No explica la enfermedad: explica qué hacer. Encontrará el ayuno y la medicación de los días previos, qué ocurre en el quirófano y en la sala, cómo cuidar la herida, qué puede y qué no puede hacer en casa, cuándo son los controles y qué señales obligan a consultar sin esperar. Donde la práctica varía o no hay estudios que fijen un plazo, está dicho.
Antes de seguir
Esta es una guía general. Las indicaciones de su equipo tratante mandan sobre lo que lea acá: ellos conocen su caso, sus estudios y sus medicamentos. Si algo no coincide, dígalo y pregunte. Lo que sigue sirve para saber qué esperar y qué preguntar, no para reemplazar una indicación.
Antes de la operación
Los estudios. Pedimos análisis de sangre con pruebas de coagulación, grupo sanguíneo, un electrocardiograma y, según la edad y los antecedentes, una evaluación clínica o cardiológica. La tomografía que hizo el diagnóstico tiene que estar disponible el día de la cirugía: lleve el disco y el informe, incluso si el estudio se hizo en el mismo hospital.
Si le dan fecha para dentro de unos días, no es desidia. Esta operación casi nunca es una urgencia de minutos: en una serie de 179 pacientes, el tiempo medio entre la tomografía que hizo el diagnóstico y la cirugía fue de 76 horas, y esa demora no se asoció con más mortalidad, peor resultado ni más reoperaciones1. Lo que sí adelanta la fecha es que aparezca o empeore un síntoma. Si eso pasa, avise.
El ayuno. Las horas de ayuno se las va a indicar el equipo de anestesia, y varían según la técnica prevista y su estado clínico. No hay un esquema propio de esta operación, así que acá no le vamos a dar horas: pídalas por escrito y respételas. Sí conviene saber que el ayuno moderno no es «nada desde la noche anterior» de forma automática, y que en una persona mayor un ayuno innecesariamente largo tiene su propio costo —deshidratación, presión baja, confusión—. Si le dan un horario que lo deja muchas horas sin tomar líquido, pregunte si puede tomar líquidos claros más cerca de la cirugía.
La medicación. Lleve la lista completa, con nombre y dosis, incluidos los medicamentos de venta libre, las gotas, los inhaladores y los suplementos. Y una regla sin excepciones: no suspenda ni reanude nada por su cuenta. Qué se suspende, cuántos días antes y con qué se reemplaza lo decide el equipo, con su historia clínica delante.
Conviene entender por qué esa decisión no es obvia. Casi la mitad de las personas con este diagnóstico toma anticoagulantes o antiagregantes —medicamentos que dificultan la coagulación de la sangre—: en veinticinco años esa proporción pasó del 27 % al 49 %2. Tomar anticoagulante antes de la cirugía se asoció con más recidivas —que el hematoma vuelva a formarse— y con más sangrado posoperatorio; con los antiagregantes, en cambio, esa asociación fue más débil y no alcanzó significación estadística3. Pero el motivo por el que se los toma —una fibrilación auricular, una válvula, una trombosis previa— no desaparece en el quirófano: en ese mismo análisis, de 47 estudios y 16.288 operados, quienes venían tomando estos fármacos tuvieron alrededor del triple de complicaciones tromboembólicas —trombosis y embolias— en el período de la operación3. Esa comparación es entre quienes los toman y quienes no, de modo que mide sobre todo la enfermedad que obliga a tomarlos: nadie comparó todavía suspender contra no suspender. Dos datos vuelven la decisión menos dramática: cuántos días se suspende el antitrombótico antes de operar no cambió la tasa de recidivas4, y la aspirina tomada antes de la cirugía tampoco se asoció con más recidivas5.
El resto de su medicación habitual —la presión, la tiroides, el Parkinson, el asma— en general se mantiene, muchas veces con un sorbo de agua la mañana de la cirugía. La insulina, los antidiabéticos y los diuréticos suelen ajustarse. Pida que se lo den por escrito.
Qué llevar.
- Documento de identidad y credencial de su cobertura médica.
- El disco y el informe de la tomografía, y los estudios previos que tenga.
- La lista de medicamentos con las dosis; si puede, los envases.
- Sus lentes, su audífono y su prótesis dental, con los estuches. Con ellos se orienta mejor después de la operación; sin ellos, muchas personas parecen más confundidas de lo que están.
- Ropa cómoda que se abroche adelante, calzado cerrado con suela antideslizante y artículos de higiene.
- El bastón o el andador, si usa.
- Nada de valores: ni joyas ni dinero.
Quién lo acompaña. Venga acompañado, y pida que esa persona esté presente cuando expliquemos el alta: en el hospital se retiene poco de lo que se escucha, y menos todavía si el motivo de la operación fue justamente la confusión. Organice también quién va a estar en casa los primeros días. Como referencia, después de un golpe en la cabeza se recomienda que un adulto responsable permanezca con la persona durante las primeras 24 horas6: ese es un buen piso para los primeros días en casa. Si vive solo, dígalo antes de la cirugía, porque cambia el plan del alta.
Qué le vamos a hacer
Operamos por trepanación. En palabras llanas: rasuramos una zona pequeña del pelo —no toda la cabeza—, hacemos uno o dos orificios pequeños en el hueso, lavamos con suero tibio el líquido acumulado hasta que sale limpio y dejamos un drenaje, un tubo fino que sigue evacuando lo que queda. No se abre una ventana grande en el cráneo y no se opera sobre el cerebro, sino sobre el líquido que lo comprime.
Es probable que le propongamos operarse despierto, con anestesia local y sedación: la zona queda dormida, usted respira por sus propios medios y con frecuencia no recuerda gran parte del procedimiento. No es una versión menor de la cirugía. En 18 estudios y 4.367 pacientes, la anestesia general no cambió las recidivas, la mortalidad ni la necesidad de reoperar, pero se asoció con 2,4 veces más complicaciones7; con anestesia local, además, la cirugía y la internación tienden a ser más cortas8. La honestidad corresponde: son estudios de observación, y al paciente más frágil suele dársele anestesia general, lo que explica parte de la diferencia. Si usted no tolera estar acostado y quieto, o si el equipo lo considera más seguro, se opera dormido, y también está bien.
Es una operación corta: se cuenta en minutos, no en horas. La espera de la familia es bastante más larga que eso, porque incluye la preparación, la anestesia y la recuperación inmediata. Que pasen varias horas hasta poder verlo no significa que algo haya salido mal.
El drenaje sale por un orificio pequeño junto a la herida y va a una bolsa o un frasco. Molesta menos de lo que la gente imagina y no impide moverse, sentarse ni caminar.
Los primeros días
Dónde despierta. Si se operó con anestesia local, está despierto desde el principio y pasa a su habitación o a una sala de cuidados intermedios. Si fue con anestesia general, pasa antes por la sala de recuperación. Es normal tener la cabeza vendada, dolor de garganta si hubo tubo y sueño durante el resto del día.
El drenaje. Lo retiramos alrededor de las 24 horas, casi siempre al día siguiente. Se saca en la cama, en unos segundos, y duele poco. El plazo no es arbitrario: en un ensayo de 347 pacientes, las recidivas con síntomas a los 3 meses fueron del 27 % dejando el drenaje 6 horas, del 20 % con 12 horas y del 10 % con 24 horas9.
Levantarse. Levántese temprano: quedarse en cama trae más complicaciones. Le vamos a elevar la cabecera dentro de las primeras 12 horas, y a sentarlo, pararlo y caminar apenas lo tolere, con el drenaje puesto. Esto es parte del tratamiento, no una concesión ni un apuro por la cama.
Durante años se indicó lo contrario: 48 horas en cama y con la cabeza baja. Un ensayo de 208 pacientes comparó las dos conductas. Las complicaciones médicas —infecciones, convulsiones, trombosis— fueron del 19,2 % con movilización precoz contra el 34,6 % con reposo, y no se detectó aumento de recidivas, aunque con 208 pacientes el ensayo no tenía tamaño para descartar una diferencia pequeña10. Al año, el resultado funcional favorable fue del 76,5 % con movilización precoz contra el 58,4 % con reposo11. Moverse temprano no pone en riesgo el resultado de la operación: lo protege.
El dolor. Suele ser leve o moderado y responde a analgésicos comunes. Tómelos a horario los primeros días, sin esperar a que el dolor aparezca: así se controla mejor. Avise si el dolor crece día a día en vez de ceder, si se acompaña de vómitos, o si le cambia la lucidez.
La complicación más frecuente no está en la cabeza. En el ensayo del drenaje fue una infección —entre el 17 % y el 23 % de los pacientes según el grupo—, y en la mayoría de los casos fue urinaria9. Por eso insistimos con levantarse, caminar, tomar líquidos y retirar la sonda vesical —el tubo que recoge la orina— apenas se pueda.
Cuánto dura la internación. Pocos días, sin un número fijo. Depende menos de la operación que de cómo estaba usted antes: de la fuerza, del equilibrio, de las enfermedades de base y de si hay quien lo cuide en casa. La anestesia local se asocia con internaciones más cortas8.
Un aviso para la familia. Es frecuente que una persona mayor esté más confundida los primeros días, sobre todo de noche. Ayuda que tenga puestos los lentes y el audífono, que la habitación tenga luz de día, que haya alguien conocido y que se le recuerde con naturalidad dónde está y por qué. Suele mejorar a medida que se levanta, duerme de noche y vuelve a su rutina.
La herida
Manténgala limpia y seca. Si le dejaron un apósito —la gasa que cubre la herida—, cámbielo como le indicaron y con las manos lavadas. Si le indicaron dejarla al aire, déjela al aire: no la cubra por si acaso. No se rasque ni arranque las costras, aunque piquen.
Lavarse el pelo. Va a poder antes de lo que cree, pero el día lo fija su equipo: depende del tipo de cierre y no hay un plazo único ni un estudio que lo establezca. Cuando lo autoricen, use agua tibia y champú suave, no frote la zona, enjuague bien y seque con toques suaves. Sin secador caliente y sin tintura hasta que la herida esté cerrada y sin costras. Sumergir la cabeza —bañera, piscina, mar— espera bastante más.
Los puntos o las grapas. Se retiran en el primer control. El plazo depende del material que se haya usado y tiene que estar escrito en el resumen de alta; si no está, pregúntelo antes de irse del hospital. Algunas suturas se reabsorben solas y no hay nada que retirar.
Qué es normal. Hinchazón blanda alrededor de la herida. Un moretón que con los días baja hacia el ojo o el cuello por efecto de la gravedad y va cambiando de color. Cierta dureza debajo de la cicatriz. Adormecimiento, tirantez o picazón de la piel de la zona, que pueden durar meses. Un pequeño hundimiento donde estuvo el orificio del hueso: no se rellena y no tiene importancia.
Qué no es normal. Enrojecimiento que se extiende, calor local, dolor que aumenta día a día, secreción o salida de líquido, bordes que se abren, y fiebre. Cualquiera de estas cosas es motivo de consulta el mismo día.
En casa: qué puede y qué no
Una advertencia antes de la lista: casi ninguna de estas indicaciones tiene un ensayo detrás. Lo que sí está estudiado es el principio general —moverse temprano protege y el reposo prolongado perjudica1011—, y lo aplicamos también a las semanas en casa. Los plazos concretos varían entre equipos. Donde no hay evidencia, lo decimos y le decimos quién decide.
Caminar. Todos los días, varias veces, dentro y fuera de la casa. Empiece acompañado. Es lo más útil que puede hacer.
Esfuerzo, peso y agacharse. Las primeras semanas, evite levantar peso, empujar muebles, hacer fuerza conteniendo la respiración y agacharse con la cabeza por debajo de la cintura; para recoger algo del piso, flexione las rodillas. Ningún estudio fija un peso máximo ni una fecha: el plazo se lo va a dar su equipo, según cómo cierre la herida y cómo evolucione usted.
Caídas. Este es el punto donde más puede hacer usted. Otra caída es exactamente el mecanismo por el que aparecieron la mayoría de estos hematomas: entre los pacientes de 80 años o más, en el 54 % de los casos fue una caída desde su propia altura2. Saque alfombras sueltas y cables del paso, deje luz en el pasillo y en el baño, use calzado cerrado, ponga una barra de apoyo en la ducha, hágase revisar la vista y no se levante de golpe de la cama. Si toma pastillas para dormir o para la ansiedad, pregunte si puede dejarlas: dan mareo y caídas.
Alcohol. No tome alcohol mientras use analgésicos ni durante las primeras semanas. Después, pregunte: la respuesta depende de su medicación, y el alcohol favorece las caídas.
Manejar. No maneje hasta que su equipo lo autorice. No hay un plazo fijado por estudios y la práctica varía mucho. Pesan tres cosas: si tuvo una convulsión —ahí el plazo lo fija la autoridad de tránsito de su país o su provincia, no el cirujano—; si le quedaron confusión, lentitud, debilidad o visión doble; y qué exige su seguro. Consulte la norma local antes de volver al volante.
Volver a trabajar. Depende del trabajo y del estado en que quedó. Una tarea de escritorio se retoma antes que una que exige esfuerzo físico, altura o manejar. No hay datos publicados de calidad sobre el regreso al trabajo después de esta operación: nadie lo midió bien, en buena medida porque la mayoría de estos pacientes ya está jubilada. Se decide caso por caso.
Viajar en avión. Tampoco hay estudios que fijen una fecha. En la práctica pesa una sola cosa: cuando el hematoma vuelve, suele volver pronto —el tiempo medio hasta la reoperación fue de 47 días12—, así que en las primeras semanas conviene estar cerca de un lugar donde puedan evaluarlo y hacerle una tomografía. Si va a viajar igual, avise antes, lleve el resumen de alta y las imágenes, y averigüe a dónde consultar en destino.
Deporte. Caminar, bicicleta fija y actividad suave, cuanto antes mejor. Natación, cuando la herida esté cerrada y su equipo lo autorice. Los deportes de contacto o con riesgo de golpe en la cabeza —y también andar en bicicleta por la calle o subirse a una escalera— esperan una autorización expresa. Ningún estudio fija ese plazo.
La medicación en casa
Para el dolor. El paracetamol es el analgésico de base y en general alcanza. Respete la dosis máxima diaria que le indicaron. No tome antiinflamatorios —ibuprofeno, diclofenac, naproxeno— ni aspirina por su cuenta: interfieren con la coagulación, y este es un problema que puede volver a sangrar. Antes de agregar cualquier medicamento nuevo, incluso de venta libre, pregunte.
El anticoagulante. Es la pregunta más difícil de todo el tratamiento, y hay que contestarla con honestidad: todavía no existen guías basadas en evidencia sobre cuándo reanudarlo13. No lo reanude por su cuenta y tampoco lo postergue por miedo. La fecha se la damos nosotros, por escrito.
Lo que se sabe hoy. En 291 pacientes con fibrilación auricular operados de hematoma subdural crónico, reanudar el anticoagulante dentro de los 14 días, frente a no reanudarlo en ese plazo, dio un riesgo de reoperación a los 90 días del 11,7 % contra el 9,4 %: una diferencia que puede no ser real14. Del otro lado, la suspensión prolongada se asocia con más trombosis y embolias, y en la mayoría de las series el antitrombótico se reanudó dentro de las dos primeras semanas4. Alrededor de la cuarta parte de estos pacientes lo toma por una fibrilación auricular13, y un ensayo internacional en curso compara reanudar a los 5 días contra reanudar a los 3013. Hasta que se publique, la decisión es caso por caso: pesa su motivo de anticoagulación contra lo que quedó en la tomografía.
La aspirina y los otros antiagregantes. Suelen reanudarse antes y con menos discusión: tomada antes de la cirugía, la aspirina no se asoció con más recidivas5.
Los anticomiciales. Un golpe leve con tomografía normal no lleva medicación para prevenir convulsiones, y eso no es un olvido. Las guías que discuten esa prevención se ocupan del traumatismo moderado a grave que requiere internación, y ni siquiera ahí la vuelven obligatoria: la recomendación actual es que puede usarse o no usarse y que, si se usa, sea con levetiracetam y por 7 días o menos15. El ensayo que fundó la práctica ya lo mostraba: la fenitoína redujo las convulsiones de la primera semana —3,6 % contra 14,2 %— y no las posteriores16. Si a usted le indicaron uno, pregunte cuál es la fecha de suspensión, y no lo abandone por su cuenta antes de esa fecha.
Los controles
Cuándo. El primer control es el de la herida: ahí retiramos los puntos o las grapas y revisamos la fuerza, la marcha y la lucidez. Los siguientes se van espaciando. Las fechas las fija su equipo y tienen que estar escritas en el resumen de alta; si no están, pídalas antes de irse.
La tomografía de control. No todos los equipos la piden de rutina, y eso no es un descuido: no hay un estándar. Al comparar dos hospitales con criterios opuestos —una mediana de 4 tomografías en las seis semanas posteriores contra 0—, no hubo diferencias en los resultados de los pacientes1718. En una encuesta nacional en Tailandia, el 66 % de los neurocirujanos no pedía tomografía posoperatoria de rutina19.
El líquido que se sigue viendo no es un fracaso. Si le hacen una tomografía de control y todavía se ve líquido donde estaba el hematoma, eso es lo esperable: el cerebro estuvo comprimido durante semanas o meses y tarda en volver a ocupar ese espacio. Los números tranquilizan. A la semana de operados, el 81 % de los pacientes ya no tenía síntomas; en cambio, todavía se veía hematoma residual en el 65 % a los 3 meses y en el 15 % a los 6 meses, y esos hallazgos no predijeron el resultado clínico20. Solo el 3,9 % necesitó una reoperación20. Se reopera por deterioro clínico, no por una imagen: importa cómo está usted, no cómo se ve la tomografía.
Si no lo operan
Controlar sin operar es una decisión legítima cuando la colección de líquido es pequeña y los síntomas son pocos. No es no hacer nada: es vigilar.
Qué vigilamos. Sobre todo, cómo está usted. El seguimiento es clínico, y los controles existen para comparar: cómo camina, cómo piensa, cómo habla, cuánta fuerza tiene. Vaya a los controles con alguien que conviva con usted, porque estos cambios se notan mejor desde afuera.
Qué obliga a consultar antes de la fecha. Dolor de cabeza que cambia o empeora, más confusión o lentitud, cambio de carácter, torpeza al caminar, caídas nuevas, debilidad o adormecimiento de un lado, dificultad para hablar, incontinencia nueva, somnolencia.
Que termine operándose no significa que la decisión inicial estuviera mal. De 2.095 pacientes con pocos síntomas tratados sin cirugía, el 19,8 % terminó necesitando una operación de rescate21: uno de cada cinco. Por eso el control se cumple aunque se sienta bien.
El dolor de cabeza, sin automedicarse. Si necesita algo para el dolor, use paracetamol. No tome antiinflamatorios —ibuprofeno, diclofenac, naproxeno— ni aspirina por su cuenta: interfieren con la coagulación, y el hematoma sigue ahí. Y un dolor de cabeza que empeora no es un problema de dosis: es motivo de consulta, no de subir el analgésico.
Dos advertencias. Los síntomas pueden aparecer semanas o meses después del golpe, y a veces sin ningún golpe que se recuerde: solo el 59 % de los pacientes tenía un traumatismo documentado2. Y si toma anticoagulantes o antiagregantes que no sean aspirina sola, consulte con menos umbral: una tomografía inicial normal no descarta un sangrado que aparezca más tarde6.
Si le retiramos un pedazo de hueso
Esto no le ocurre a la mayoría y no pasa en la trepanación. Aplica a quien tuvo una craniectomía: la operación en la que se retira una parte del cráneo y no se la repone en ese momento.
El casco. Úselo como se lo indicaron, cada vez que se levante de la cama. Mientras falte el hueso, esa zona no tiene protección: no se apoye sobre ese lado y manténgase lejos de los lugares donde pueda recibir un empujón. Con honestidad: no hay estudios que demuestren que el casco evita lesiones. El único estudio con asignación al azar, en 58 pacientes, midió otra cosa —la satisfacción con la apariencia, las ganas de hacer vida social y el miedo a un golpe accidental—, y todo eso mejoró con el casco a las 4 y a las 8 semanas22. Lo indicamos igual, por sentido común.
La craneoplastia. Reponer el hueso es una segunda operación programada, no un trámite estético. Sobre el mejor momento no hay consenso: en 18 estudios y 2.226 pacientes, las complicaciones globales no difirieron entre hacerla antes o después de los 90 días, y lo que más pesó no fue la fecha sino el material del implante23. Su equipo le va a explicar qué material propone y por qué.
El síndrome del trepanado, y por qué avisar. Hay una razón médica para no demorar la craneoplastia indefinidamente. Mientras falta el hueso, algunas personas empeoran: se les hunde la piel de la zona y aparecen debilidad, lentitud para pensar o dificultad para hablar. Eso tiene nombre —síndrome del trepanado— y tiene solución. Aparece en promedio unos cinco meses después de la craniectomía, se acompaña de un hundimiento visible de la piel en el 93 % de los casos, da déficit motor en el 57 %, alteraciones cognitivas en el 41 % y del lenguaje en el 28 %, y mejora en unos cuatro días después de reponer el hueso24. Si nota que la zona se hunde más que antes, o si semanas o meses después aparece cualquiera de esos síntomas, avise. No lo atribuya al cansancio ni a la edad.
Cuándo consultar sin esperar
Son dos listas distintas, según cómo esté usted hoy. Léalas con quien lo cuida y déjelas a mano.
Si volvió a casa sin operarse
Vaya de inmediato a un servicio de urgencias ante cualquiera de estas señales6:
- Pérdida de conocimiento, o dificultad para mantener los ojos abiertos.
- Somnolencia anormal, o dificultad para despertarlo.
- Confusión, desorientación, no reconocer personas o lugares.
- Debilidad, adormecimiento o torpeza nuevos en un brazo o una pierna.
- Dificultad para hablar o para entender lo que se le dice.
- Visión doble o visión borrosa.
- Una convulsión.
- Dolor de cabeza que persiste o empeora y no cede con los analgésicos comunes.
- Vómitos.
- Salida de líquido claro o de sangre por la nariz o por el oído.
- Irritabilidad o cambio de comportamiento.
- Cualquier deterioro que preocupe a quien lo acompaña.
Un adulto responsable debe permanecer con la persona durante las primeras 24 horas6. Si no hay nadie que pueda hacerlo, dígalo antes de irse del hospital: eso solo ya cambia la conducta.
Si toma anticoagulantes o antiagregantes que no sean aspirina sola, consulte con menos umbral: una tomografía inicial normal no descarta un sangrado que aparezca más tarde6.
Y algo que casi nadie espera: las señales del hematoma subdural crónico pueden aparecer semanas o meses después del golpe, o sin ningún golpe que se recuerde2.
Si se operó
Todo lo anterior sigue valiendo. Además, consulte el mismo día si aparece:
- Fiebre o escalofríos.
- Enrojecimiento, dolor creciente, hinchazón o secreción en la herida.
- Salida de líquido por la herida, o bordes que se abren.
- Reaparición o empeoramiento de cualquier síntoma que la operación había mejorado: eso, y no la imagen, es lo que indica que el hematoma volvió20.
- Una convulsión.
- Dolor o hinchazón en una pantorrilla, o falta de aire repentina. Quienes venían tomando anticoagulantes o antiagregantes tuvieron alrededor del triple de complicaciones tromboembólicas en el período de la operación3.
- Ardor al orinar, orina turbia o fiebre sin causa aparente: la complicación más frecuente en el ensayo del drenaje fue una infección, en el 17 % al 23 % de los pacientes según el grupo, y en la mayoría de los casos urinaria9.
Si le falta un pedazo de hueso, consulte además ante cualquier hundimiento nuevo de la zona o cualquier deterioro neurológico que aparezca semanas o meses después24. Si le colocaron un implante, ante su exposición, la apertura de la herida o un abultamiento nuevo bajo el cuero cabelludo.
Y una advertencia sobre el cómo: una pérdida de conocimiento, una debilidad nueva o una convulsión no son para ir manejando hasta el hospital. Llame a emergencias.
Las preguntas que más se hacen
¿Me van a operar despierto?
Es probable, y para la mayoría es la mejor opción. Con anestesia local y sedación la zona queda dormida, usted respira por sus propios medios y con frecuencia no recuerda gran parte del procedimiento. En 18 estudios y 4.367 pacientes, la anestesia general se asoció con 2,4 veces más complicaciones, sin diferencias en recidiva ni en mortalidad7. Si no tolera estar acostado y quieto, o si el equipo lo considera más seguro, se opera dormido.
¿Cuántos días voy a estar con el drenaje y cuántos internado?
Con el drenaje, alrededor de un día: lo retiramos cerca de las 24 horas, y ese plazo tiene un ensayo detrás —las recidivas con síntomas a los 3 meses fueron del 27 % con 6 horas de drenaje, del 20 % con 12 y del 10 % con 249—. La internación suele durar pocos días y no tiene un número fijo: depende más de cómo estaba usted antes que de la operación misma.
¿Cuándo me puedo bañar y lavar el pelo?
Bañarse, en general enseguida, cuidando de no mojar la herida hasta que se lo autoricen. Lavarse el pelo, cuando su equipo lo indique: depende del tipo de cierre, y no hay un plazo único ni un estudio que lo fije. Cuando le den permiso: agua tibia, champú suave, sin frotar ni arrancar las costras, y secar con toques suaves. Sumergir la cabeza en una bañera, una piscina o el mar espera a que la herida esté cerrada por completo.
¿Cuándo puedo volver a manejar?
No hay un plazo fijado por estudios: este es uno de los puntos donde la práctica más varía. No maneje hasta que su equipo lo autorice. Pesan si tuvo una convulsión —ahí el plazo lo fija la autoridad de tránsito de su país o su provincia, no el cirujano—, si le quedaron confusión, lentitud, debilidad o visión doble, y qué exige su seguro.
¿Puedo viajar en avión?
No hay estudios que fijen una fecha. Sí se sabe que, cuando el hematoma vuelve, suele volver pronto: el tiempo medio hasta la reoperación fue de 47 días12. Por eso, en las primeras semanas conviene estar cerca de un lugar donde puedan evaluarlo. Si viaja igual, consúltelo antes y lleve el resumen de alta y las imágenes.
¿Cuándo vuelvo a tomar el anticoagulante?
No lo reanude por su cuenta: la fecha se la damos nosotros. Es la decisión más difícil del tratamiento y todavía no tiene respuesta de ensayo13. Lo medido: en 291 pacientes con fibrilación auricular, reanudarlo dentro de los 14 días frente a no reanudarlo dio un riesgo de reoperación a los 90 días del 11,7 % contra el 9,4 %, una diferencia que puede no ser real14; y la suspensión prolongada se asocia con más trombosis y embolias, mientras que en la mayoría de las series se reanudó dentro de las dos primeras semanas4. Hay un ensayo en curso que compara reanudar a los 5 días contra reanudar a los 3013.
¿Esto me va a volver a pasar?
Puede volver, y conviene saberlo sin dramatizarlo: el hematoma reaparece en alrededor del 12 % de los operados25, casi siempre pronto, con un tiempo medio hasta la reoperación de 47 días12. Que en la tomografía de control se siga viendo líquido no es una recidiva: todavía se ve hematoma residual en el 65 % de los pacientes a los 3 meses20. Lo que hay que vigilar son los síntomas, no la imagen. Y lo que está en su mano es evitar la próxima caída.