Tumor cerebral y meningioma
Las palabras «tumor cerebral» y «cáncer» no son sinónimos, y la diferencia no es semántica: el 74 por ciento de los tumores cerebrales primarios no son malignos, y su supervivencia relativa a cinco años es del 92 por ciento. Esta página es para el momento en que uno todavía no sabe cuál de los dos le tocó.
Hay pocas frases que asusten más que "apareció algo en la resonancia". Y hay pocos momentos en los que la información valga tanto, porque entre el estudio y la consulta con el especialista suelen pasar días, y esos días se llenan solos con lo peor que uno encuentra buscando.
Así que el dato que corresponde poner primero es este: de cada cien tumores cerebrales primarios, setenta y cuatro no son malignos.
Qué es, sin vueltas
"Tumor cerebral" es una etiqueta que agrupa cosas muy distintas, y por eso sola no dice casi nada. Hay tres grandes familias.
Los que nacen de las cubiertas del cerebro. El meningioma es el más frecuente de todos los tumores cerebrales en adultos. Crece de las meninges, las membranas que envuelven el cerebro, y en la gran mayoría de los casos es benigno: no invade el tejido cerebral, lo desplaza. Crece lento, a veces durante décadas.
Los que nacen del propio tejido cerebral. Son los gliomas, y acá hay un rango enorme, desde tumores de crecimiento muy lento hasta el glioblastoma, que es agresivo. Estos sí infiltran el cerebro, y esa es la razón por la que la cirugía sola casi nunca alcanza.
Los que vinieron de otro lado. Las metástasis: un tumor de pulmón, de mama, de riñón o de piel que llegó al cerebro por la sangre. En términos de números son los tumores cerebrales más frecuentes de todos.
Cuál de las tres es cambia todo: el tratamiento, el pronóstico y la urgencia. Y lo que decide cuál es no es la resonancia, sino el análisis del tejido. Por eso a veces lo primero que se propone es una biopsia y no una cirugía grande.
Cómo se manifiesta
Muchos no dan ningún síntoma y aparecen por casualidad, en un estudio pedido por otra cosa. En la población general, la resonancia de cerebro encuentra un tumor benigno —casi siempre un meningioma— en el 1,6 por ciento de las personas.
Cuando dan síntomas, suelen ser de tres tipos: los que vienen de ocupar espacio (dolor de cabeza que aparece de madrugada o al agacharse, náuseas, vómitos), los que vienen de irritar la corteza (una convulsión, a veces la primera de la vida) y los que vienen de comprometer una función concreta (debilidad de un lado, dificultad para hablar, pérdida de campo visual, cambios de personalidad que la familia nota antes que el paciente).
Sobre el dolor de cabeza conviene ser claro, porque es el motivo por el que la mayoría de la gente llega buscando esta página: la cefalea aislada, sin ningún otro signo neurológico, es un predictor muy pobre de tumor cerebral. Los dolores de cabeza son extraordinariamente comunes; los tumores no.
Los números que conviene tener
Del registro de tumores del sistema nervioso central de Estados Unidos, que cubre prácticamente a toda la población del país:
- El 74 por ciento de los tumores cerebrales primarios no son malignos.
- Supervivencia relativa a cinco años de los no malignos: 91,7 por ciento. De los malignos: 34,8 por ciento.
- En adultos de más de cuarenta años, el tumor más frecuente es el meningioma.
- De todas las personas que viven hoy con un tumor cerebral diagnosticado, solo el 14 por ciento tiene uno maligno.
Sobre el meningioma encontrado por casualidad, hay un estudio que siguió durante hasta doce años a 62 pacientes con meningiomas incidentales, y el resultado merece leerse dos veces:
- En más del 40 por ciento de los casos no hubo que hacer nada. Alcanzó con controlarlos.
- En el 63 por ciento, el crecimiento fue autolimitado: crecieron un poco y se frenaron.
- Ninguno desarrolló síntomas antes de que se decidiera intervenir.
- Diecinueve pacientes murieron durante el seguimiento, por causas no relacionadas con el tumor. Dos murieron por el meningioma.
Y sobre el glioblastoma, que es el que más se busca y el que peor pronóstico tiene, la honestidad obliga a decirlo: la supervivencia mediana observada es de alrededor de ocho meses, y eso no ha cambiado sustancialmente en años. Es exactamente por eso que las promesas de curas alternativas para el glioblastoma son especialmente dañinas.
Cuándo no hay que esperar
Con un tumor conocido, o mientras se estudia uno:
- Dolor de cabeza que cambió de carácter, que despierta de noche o que empeora al agacharse o al toser, sobre todo si viene con vómitos.
- Una convulsión, aunque sea breve y aunque se recupere del todo.
- Debilidad, dificultad para hablar o alteración de la visión que se instala en horas.
- Somnolencia progresiva, confusión, o que a la persona le cueste despertarse.
Y una advertencia aparte: si le indicaron corticoides —dexametasona, meprednisona— no los suspenda ni les cambie la dosis por su cuenta. La suspensión brusca puede desencadenar un deterioro rápido.
Lo que se dice y no es cierto
"Meningioma es cáncer." Es la búsqueda número uno del tema y la respuesta es no, en la enorme mayoría de los casos. El meningioma típico es benigno: crece lento, no invade el cerebro y no da metástasis.
"Un tumor benigno se puede volver maligno." Es excepcional. En la cohorte con doce años de seguimiento, dos pacientes de sesenta y dos murieron por un meningioma de grado 2. La transformación existe pero es rara, y es una de las cosas que justamente se busca al hacer controles.
"Todo meningioma hay que sacarlo." Más del 40 por ciento de los incidentales nunca necesitó tratamiento. Un tumor pequeño, asintomático, en un lugar que no molesta, en una persona mayor, muchas veces se controla y nada más. La vigilancia activa no es no hacer nada: es una conducta médica con seguimiento programado.
"Los celulares causan tumores cerebrales." Es el mito más persistente y también el mejor estudiado. Una cohorte prospectiva de 264.574 personas, seguidas más de siete años, no encontró aumento de riesgo: por cada cien horas acumuladas de llamadas, el riesgo relativo fue de 1,00 para glioma y 1,01 para meningioma. En quienes usaron el teléfono más de quince años, tampoco. La revisión de la Organización Mundial de la Salud llega a la misma conclusión.
"Me duele la cabeza, debe ser un tumor." El dolor de cabeza sin ningún otro signo neurológico es un mal predictor. Si esta preocupación le está ocupando la cabeza más de lo razonable, eso también es un motivo válido de consulta, y es mejor resolverlo con un examen que con más búsquedas.
Dietas, ayunos y terapias alternativas para el glioblastoma. No hay evidencia que las sostenga, y el costo de perseguirlas no es solo económico: es tiempo, en una enfermedad donde el tiempo es lo que hay.
Qué va a pasar en la consulta
Van a mirar la resonancia con usted, y conviene que sea así: la ubicación, el tamaño, si capta contraste, si hay edema alrededor. Muchas veces, con la imagen ya se puede decir con bastante seguridad de qué familia se trata.
Después van a examinarlo, incluyendo el campo visual y el fondo de ojo. Y van a plantear una de tres conductas: controlar con una resonancia en unos meses, hacer una biopsia para saber qué es, u operar. Las tres son respuestas válidas según el caso, y la primera es mucho más frecuente de lo que la gente imagina.
Si el tumor es maligno o dudoso, lo que corresponde es que el caso se discuta en un comité con oncología, radioterapia y patología. Es razonable preguntar si eso va a ocurrir.
Las preguntas que conviene llevar anotadas
- Por lo que se ve en la imagen, ¿qué tipo de tumor es el más probable?
- ¿Es razonable controlar en vez de operar? ¿Con qué frecuencia y hasta cuándo?
- Si hay que operar, ¿el objetivo es sacarlo todo o sacar lo que se pueda con seguridad?
- ¿Qué función concreta está en riesgo por la ubicación?
- ¿Mi caso se va a discutir en un comité de tumores?
- Si es maligno, ¿qué sigue después de la cirugía?
Las preguntas que más se hacen
¿Un meningioma es cáncer?
En la enorme mayoría de los casos no. El meningioma típico es benigno: crece despacio, desplaza el cerebro en vez de invadirlo y no da metástasis. Existen variantes de grado 2 y 3, que son menos frecuentes y sí requieren un tratamiento más agresivo, pero no son la regla.
¿Qué pasa si no me opero un meningioma?
Depende del tamaño, la ubicación, la edad y si da síntomas. En meningiomas hallados por casualidad, más del 40 por ciento nunca necesitó tratamiento y ninguno desarrolló síntomas antes de que se decidiera intervenir. Controlar con resonancias es una conducta médica legítima, no una postergación.
¿Cuánto crece un meningioma por año?
Los meningiomas típicos crecen milímetros por año, y en muchos casos el crecimiento se frena solo: en un seguimiento de hasta doce años, el 63 por ciento mostró un patrón autolimitado, con la velocidad desacelerando alrededor del año y medio. Por eso el primer control se hace relativamente pronto y después se van espaciando.
¿El dolor de cabeza es señal de tumor cerebral?
Casi nunca por sí solo. Lo que preocupa es un dolor de cabeza que cambió de patrón, que aparece de madrugada o que empeora al agacharse o toser, y sobre todo cuando viene acompañado de vómitos, de una convulsión, de debilidad o de alteraciones visuales. La cefalea aislada, sin otros signos, es un predictor muy pobre.
¿Un tumor cerebral benigno se puede volver maligno?
Es excepcional. Ocurre, y es una de las razones para hacer seguimiento, pero no es lo que suele pasar. En la serie con doce años de seguimiento, solo dos de sesenta y dos pacientes murieron por un meningioma de grado 2.
¿Los celulares causan tumores cerebrales?
No, según la mejor evidencia disponible. Una cohorte de 264.574 personas seguidas más de siete años no encontró ningún aumento de riesgo, ni siquiera en los usuarios de más de quince años. La revisión de la Organización Mundial de la Salud coincide.
¿Qué estudio detecta un tumor cerebral?
La resonancia magnética con contraste. La tomografía sirve en la urgencia y detecta lesiones grandes o sangrado, pero puede pasar por alto tumores pequeños. Lo que la resonancia no puede decir con certeza es de qué tipo es: eso lo define el estudio del tejido.
¿La biopsia cerebral es peligrosa?
La biopsia estereotáctica es un procedimiento con riesgo bajo, aunque no nulo: el más relevante es el sangrado en el sitio de la punción. Se indica cuando saber qué es cambia el tratamiento y cuando extirpar el tumor no es seguro o no está indicado. Es razonable preguntar qué se va a hacer distinto según el resultado.
